LA VIGENCIA DE UN CLASICO

Aunque eventualmente queden abandonadas a medida que la infancia termina, las muñecas siguen vigentes.

Bien lo sabe Laura Galanterni, directora de Casita de Muñecas, un proyecto argentino creado hace casi cuatro años. Desde esta pequeña empresa, notaron que la gente sigue jugando juegos de rol y pidiendo elementos como bebés.

La clave de Casita de Muñecas es la fabricación de muñecos bebés de apariencia real. Ponen un especial énfasis en los gestos, la pintura y la ropa, para crear la mejor experiencia. Algunos, incluso, tienen el tamaño de un bebé real. En su página web, este emprendimiento tiene casi 50 modelos distintos, más accesorios como bolsos o pequeños pañales.

Desde la creación de este proyecto, asegura Galanterni, las respuestas han sido “súper positivas” y la historia de Casita de Muñecas está “llena de anécdotas” vinculadas a la semejanza que tienen estos muñecos con bebés reales. Por ejemplo, una vez ella tenía que hacer un cambio de un producto en una juguetería y llevaba el juguete de una mano. Cuando entró, alguien pensó que llevaba un bebé casi colgando.  “Mi sobrino tenía uno y lo llevaba de la pierna. Tuvo una situación similar, porque de lejos parecen bebés”, destaca ella.

A Galanterni no le preocupa que el mundo tienda a lo tecnológico. Sabe que hay gente a la que lo artesanal, como sus productos de Casita de muñecas, todavía la atrae.

“Nos fijamos mucho en los detalles y se está volviendo a eso. Se está valorando la vuelta a lo tradicional”, asegura. Hace cuatro años que su proyecto viene creciendo y no es el único que compite por el mercado de los bebés de juguete.

Otro caso es Amies, que propone al consumidor crear las muñecas que más le gusten. A través de su página web, cada persona puede elegir el color, el largo y el estilo del pelo y su color de ojos. Incluso, está la posibilidad de agregar pecas. De esa forma, no solo da un producto para jugar, sino una herramienta para estimular la creatividad y mostrar que, con algunos cambios e innovación, los muñecos siguen vigentes, sin miedo frente a los dispositivos digitales.